Ahorrar para los estudios de los hijos | Cuáles Son Tus Metas

Ahorrar para los estudios de los hijos

Hay padres que, mucho antes de que les llegue la primera factura, saben que educar a un hijo en el siglo XXI es muy costoso. Y son conscientes de ello porque han sumado los costes medios de los estudios de los colegios, las universidades y los centros de posgrado que necesitarán los suyos para poder disfrutar de la mejor educación.

Estos padres no son excepcionales, pero sí es verdad que poseen una cualidad muy especial: asumen que el cerebro humano es traicionero. Los seres humanos tendemos a procrastinar en cuestiones importantes, damos prioridad a lo inmediato sobre los proyectos a medio o largo plazo y nos cuesta imaginar las consecuencias de nuestros actos en el futuro. Todo eso conspira para que los padres no vayan ahorrando desde el primer día el dinero que luego necesitarán para construir el camino del éxito de sus hijos. Sin formación, sin una buena formación, será más difícil que puedan acceder a un buen empleo que les proporcione seguridad y estabilidad.

 

Los gastos educativos mensuales

Y los cálculos de los padres habrán empezado, naturalmente, con el colegio. Según una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), la media del gasto escolar previsto por los padres para el curso 2017/2018 rebasaba ligeramente los 1.200 euros anuales. El gasto necesario en los centros públicos casi llegaba a los 850 euros al año y el de los concertados superaba los 1.850 euros. Son cantidades notables si se multiplican por el número de hijos y cursos.

Más allá de los colegios e institutos, algunos padres se pueden preguntar si merece la pena ir a la universidad con todas las noticias sobre precariedad e inestabilidad que aparecen en los medios de comunicación. Los números no dejan lugar a muchas dudas. En los trabajos a jornada completa, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística de 2017, los licenciados cobran casi un 30% más que los que solo han completado la enseñanza secundaria obligatoria. Hablamos de un salario mensual de 2.600 euros brutos frente a otro de apenas 1.900 euros.

“Tendemos a procrastinar, lo que hace que los padres no vayan ahorrando desde el primer día el dinero para la formación de sus hijos”

Pero es cierto que las dudas de los padres no son infundadas. Al fin y al cabo, en 2018, casi el 30% de los titulados universitarios que finalizó sus estudios en 2014 estaba en paro y, según un informe de la Fundación CYD, más de un tercio de los licenciados españoles desempeña trabajos de baja cualificación.

La respuesta a esos padres escépticos no debe pasar, sin embargo, por animar a los hijos a renunciar a la universidad, sino por ayudarles a encontrar una institución y un grado que los diferencien. No vale cualquier centro ni cualquier carrera. ¿Cuál es el problema? Nuevamente, que eso tiene un precio.

El precio de las universidades en España

Muchas de las facultades que acaparan los primeros puestos en los rankings nacionales se encuentran en las comunidades autónomas donde es más caro estudiar. En Cataluña, un curso de la carrera en la universidad pública (sin máster) cuesta 2.000 euros anuales, en Madrid casi 1.500 euros, en Navarra casi 1.200 euros y en la Comunidad Valenciana rebasa los 1.100 euros. Frente a ellas, el precio del curso universitario en Extremadura, Canarias, Cantabria, Andalucía y Galicia no llega ni a los 900 euros. Como era de esperar, los másteres más caros de las universidades públicas suelen ser catalanes, madrileños, valencianos y navarros.

 

En consecuencia, los padres no deberían sorprenderse de que sus hijos quieran marcharse a un centro de otra comunidad autónoma para acceder a una educación que los distinga del resto. Y eso, además del precio de los estudios, supondrá pagar por una habitación en una residencia de estudiantes o alquilar un piso enclavado en una ciudad donde, quizás, el coste de la vida y los alquileres sean más elevados. En una especie de bucle, es muy probable que allí no se acabe el periplo de sus descendientes, que suspirarán por un curso universitario en el extranjero que les ayude a dominar el inglés o un segundo idioma. Las becas Erasmus, que oscilan entre los 200 y los 300 euros, no serán suficientes para cubrir los gastos.

Los padres previsores saben todo esto, aunque no tengan todos los números en la cabeza. No es necesario. Basta con comprender que el cerebro les va a invitar a aplazar las decisiones de ahorro para los estudios de sus hijos, que sus hijos son lo más importante de sus vidas y que los estudios son uno de los elementos más importantes de las suyas. Con esta mentalidad, ahorrar resulta mucho más fácil e ilusionante, porque se aprecia, claramente, la finalidad de que hoy no salgamos a cenar o de que pasemos las próximas vacaciones más cerca de casa. Es la expresión de un compromiso con la seguridad, la estabilidad, la felicidad y el futuro de nuestros hijos.

“Aunque hay padres que se preguntan si merece ir a la universidad, los datos dicen que los licenciados cobran un 30% más”

Sin embargo, para llevar a cabo ese compromiso, muchas veces necesitamos un empujón extra que impida que pospongamos todas esas cuestiones capitales, -no solo los estudios de los hijos- que pueden condicionar y comprometer en el futuro la economía familiar. Una tarea que podemos llevar a cabo con tiempo y con el acompañamiento de un experto en fianzas y en planificación del ahorro familiar, como el Family Banker de Banco Mediolanum. Junto a él, lograremos anticiparnos sin sobresaltos a uno de los momentos clave del ciclo financiero de la vida.

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