¿Cubrir o no cubrir la divisa al invertir? | Cuales son tus metas

Cubrir o no cubrir la divisa al invertirImagina que estás pensando en abrir un restaurante. Tienes claro el tipo de comida que ofrecerías, el perfil de cliente que buscarías, dónde comprarías la materia prima… Pero todavía no tienes el local y ahí es cuando surge la duda: ¿comprar o alquilar?

Si alquilas, la potencial rentabilidad del negocio se aclara. Tienes un coste más, que permanecerá estable con una leve revisión anual, como la luz o el agua. Si te decides a comprar, la situación cambia, ya que pasas a tener dos negocios: el restaurante y la inversión inmobiliaria.

Cuando invertimos, afrontamos una decisión similar al dedicar parte de nuestra cartera a activos que cotizan en otras divisas. El inversor tiene dos opciones:

  1. Cubrir este efecto, es decir, pagar un “seguro” que le mantenga fijo el precio de la divisa. Así tendrá un solo “negocio”: el comportamiento del activo donde ha invertido.
  2. No cubrir la divisa,
  3. con lo cual pasará a realizar dos clases de inversión distintas: una en el activo y otra en la divisa.

Lo que acabamos de explicar no es una cuestión baladí, sino que puede ser clave en el resultado de las inversiones que realicemos, sobre todo en los plazos cortos. Desde marzo de 2014 hasta junio de 2015, el dólar se revalorizó cerca de un 20% frente al euro. Mientras que el S&P 500, el índice de referencia de la bolsa estadounidense, subió un 14%.

Un inversor español que hubiese contratado un fondo de bolsa estadounidense con la divisa cubierta apenas habría ganado la mitad que su vecino si este lo hizo sin coberturas.

Pensemos en un caso menos acertado, como, por ejemplo, un inversor español que hace cinco años hubiera decidido contratar un fondo de renta fija japonesa. Si hubiese cubierto la divisa, quizá habría obtenido una rentabilidad acumulada cercana al 10% en este periodo. Pero si no la cubrió, habría perdido más de un 15%.

“Cubrir las divisas disminuye la volatilidad de las inversiones en otros países.”

Como se puede ver, el impacto de elegir una u otra vía de inversión puede ser notable. Y se trata de un asunto capital para los inversores, ya que cada vez se muestra más necesario diversificar en los distintos activos y regiones. En particular, cuando se habla de renta fija, los movimientos de los precios suelen ser menores, por lo que su efecto puede acabar teniendo un mayor impacto en la rentabilidad final para el usuario.

Pero no todo el mundo considera que tiene la misma importancia la cobertura de la divisa, ya que algunos apuntan a que, a largo plazo, las fuerzas se equilibran. Por ejemplo, si se mira el comportamiento del MSCI World desde la perspectiva de un inversor europeo, en los últimos 13 años la diferencia entre cubrir la divisa o no habría sido más bien modesta. Por el contrario, en años concretos, las diferencias habrían sido muy altas. Han existido ejercicios, como 2005, 2010 y 2014, en los que la divisa habría aportado más de un 10% de rentabilidad a la cartera. Y otros, como 2003, 2004 y 2013, en los que se habría restado en torno a un 10%, de acuerdo con un estudio reciente de Deutsche Asset & Wealth Management.

La cuestión no solo afecta a los inversores, sino también a los gestores de fondos profesionales. Pongamos como muestra el caso de que para un gestor de un fondo global (que se dedica a buscar por todo el mundo las mejores compañías en las que invertir) puede que el resultado de su fondo no acabe siendo marcado por su verdadera labor, la cual es la de seleccionar las compañías más rentables, sino que lo sea por la evolución de las divisas. Sin embargo, muchos gestores de este tipo de carteras prefieren no cubrir la divisa de las compañías en las que invierten, por considerar que la propia diversificación de la cartera ya aporta una especie de cobertura natural. Y, además, por una doble vía.

“Resulta imprescindible tomar las decisiones en el contexto de una cartera bien diversificada”

No solo al tener compañías de muy diversos países se reduce el peso que puedan tener los movimientos de una moneda concreta, sino que además estas mismas suelen ser globales y realizan sus ventas en países diversos. Incluso puede que las propias empresas estén cubriendo ya sus propias ventas en las distintas divisas. Por lo tanto, puede terminar pasando que una cartera acabe teniendo una cobertura excesiva que reduzca la rentabilidad final.

El debate ofrece menor lugar a dudas si, en vez de fijarnos en las rentabilidades, nos centramos en la volatilidad. Dado que es muy habitual que se produzcan fuertes movimientos en plazos de un año en las divisas, la cobertura anual de las carteras reduce de modo notable la volatilidad conjunta de la cartera, como demuestra este otro análisis de MFS. Cubrir las divisas disminuye la volatilidad de las inversiones en otros países.

¿Qué debe hacer un inversor entonces? Dada la importancia que puede tener para el resultado final, conviene contar en estos casos con un asesor que permita identificar bien las necesidades, el objetivo y el horizonte de la inversión. No es lo mismo invertir sin cobertura en renta fija japonesa para alguien que quiere jubilarse dentro de 5 años que para alguien que acaba de cumplir los 40, por ejemplo.

También resulta imprescindible tomar las decisiones en el contexto de una cartera bien diversificada. No es lo mismo contratar un solo fondo de bolsa global que tener una cartera con 10 fondos, cada uno de un bloque geográfico distinto, donde podría darse esta cobertura natural que comentábamos antes.

La mayoría de las grandes gestoras de inversión suelen ofrecer distintas clases de acciones en las diferentes divisas. Es decir, el inversor tiene al alcance de su mano la elección de si contratar ese mismo fondo con la exposición al comportamiento de la divisa o sin ella.

Los tiempos que vienen pueden suponer grandes cambios en la evolución de las monedas. El mercado está adelantando que la Reserva Federal podría iniciar este año un proceso de subidas de tipos, de modo que la decisión realizada a tiempo podría ser muy importante para la foto final de la rentabilidad de los activos en los próximos años.

Si no tiene claro si solo quiere montar un restaurante o comprar también el local, no se precipite: pregunte a su asesor.

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