La deflación: los riesgos de una caída generalizada de los precios | Cuales son tus metas

¿Es bueno que los precios bajen? En un principio, la respuesta debería ser sí. Pero en economía las cosas no son tan sencillas. De hecho, una bajada generalizada y continuada de los precios, lo que en términos económicos se conoce con el nombre de deflación, es un mal síntoma que, a la larga, acaba por afectar a todos los agentes que participan en el mercado, incluidas las familias.

La deflación es el concepto contrario a la inflación y es un signo inequívoco de la caída de la actividad económica. La deflación se produce cuando la oferta de bienes y servicios es mayor que la demanda de esos bienes y servicios parte de los consumidores, lo que provoca el descenso del precio. Según el FMI, un país entra, de manera oficial, en deflación cuando la bajada de precios se mantiene durante dos semestres.

La bajada de la demanda se produce por la combinación de tres factores: el descenso del gasto de las familias; la caída del gasto de los organismos gubernamentales y la disminución de la inversión que llega a un sistema económico. Estos factores provocan el desequilibrio entre la oferta y la demanda.

Uno de los efectos directos de esta bajada del valor de los productos y servicios es que los consumidores demoran cualquier decisión de compra a la espera de nuevas bajadas. Conservar el dinero es más rentable que consumir, ya que existe la expectativa generalizada de que los precios seguirán bajando. Por lo tanto, se produce un incremento del ahorro. Es lo que los expertos califican como la trampa de la liquidez ya que los consumidores prefieren consumir mañana a consumir hoy, es decir, el ahorro al consumo.

Pero, a la larga, los efectos negativos son muchos más y de más profundidad que los positivos. El primero, y más importante, es el aumento de stock de productos por parte de las empresas, lo que además supone que ante la caída de las ventas aplazan las inversiones y despiden trabajadores. Es el inicio de un círculo vicioso que provocará, debido al aumento del desempleo, una contracción aún mayor del consumo y, a la larga, mayores niveles de deflación. A largo plazo, el resultado sería una caída importante de la actividad económica que afectaría a todos los agentes implicados.

Hay dos formas de combatir esta situación. Una es con la política monetaria, que  incide en la necesidad de bajar los tipos de interés y, por lo tanto, abaratar el precio del dinero. Los que defienden esta forma de salir de la deflación mantienen que estimular la circulación del dinero provoca mayor y mejor acceso al crédito y una reactivación del consumo. Es la estrategia que ha seguido el Banco Central de Japón en los últimos tiempos. La otra forma pasa por la intervención del sector público en la economía. Es la llamada solución fiscal y supone la introducción de estímulos por parte del sector público para la reactivación económica, como la construcción de infraestructuras.

Según los expertos, lo ideal es tener una inflación anual que se mueva entre el 1 y el 2%.

 

(Visited 174 times, 1 visits today)
Share This